«Visualidades críticas y ecologías culturales»

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Este libro, editado por Jaime Vindel, nace de una urgencia política y de un espacio académico. La urgencia se relaciona con la coyuntura crítica que atraviesa el decurso de la modernidad capitalista, sumida en una dinámica aparentemente irreversible de crisis económicas, políticas, sociales, culturales y ecológicas que requieren de nuevos instrumentos analíticos y de intervención en el campo intelectual. En cuanto a su inscripción en el espacio académico, hace uso de los protocolos científicos de difusión de los resultados de un proyecto de investigación financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad (Visualidades críticas: reescritura de las narrativas a través de las imágenes (HAR2013-43016-P), dirigido por Aurora Fernández Polanco), para realizar una propuesta que desea remover el mapa universitario de las enseñanzas artísticas y de humanidades. La publicación diagrama un campo de investigación donde confluyen las aportaciones de la cultura visual y los estudios culturales, dibujando un territorio epistemológico en el que lo común y lo ecológico aparecen como las variables fundamentales para pensar el tiempo presente. Los ensayos que componen el libro responden a una propuesta metodológica basada en una relación heurística entre texto e imagen. Las «visualidades críticas» se constituyen como punto nodal en torno al cual se despliegan de modo alegórico los relatos de la historia, pero también como entidades singulares que condensan y puntúan esas narraciones, cargándolas de afectos, excesos y desviaciones que les otorgan nuevas significaciones.

El capítulo de Jaime Vindel, titulado,»(Apenas) un recuerdo de sol: acerca de la relación entre materialismo, cultura y ecología» reivindica una tradición marxista minoritaria —la de Christopher Caudwell, E. P. Thompson y Raymond Williams— que, frente al marxismo occidental hegemónico del siglo XX (más volcado en la epistemología, la estética y la crítica cultural), mantuvo un diálogo activo con las ciencias naturales y con el darwinismo no teleológico, evitando tanto el cientificismo del diamat soviético como el idealismo cultural del post-estructuralismo. A partir de esa genealogía, defiende una lectura no dualista de naturaleza y cultura: la cultura no se opone a la naturaleza sino que es la forma en que la especie humana expresa su propia naturaleza, por lo que propone superar tanto el culturalismo hiperconstructivista como el naturalismo ingenuo mediante lo que llama una «ecología cultural materialista», heredera del proyecto original de los estudios culturales pero desplazada hoy hacia el eje ecológico.

En un segundo movimiento, el capítulo recorre la historia de la pintura de paisaje (Gilpin, Repton, Constable, Courbet, Cézanne) para mostrar cómo la estética «pintoresca» separó ideológicamente producción y contemplación, ocultando el trabajo y el despojo de tierras comunales. Introduce después el concepto de entropía —vía Schrödinger, Georgescu-Roegen y, sobre todo, Robert Smithson y su land art— como categoría que permite pensar dialécticamente los límites físicos y energéticos de la producción capitalista, y detecta en la obra de Smithson una comprensión materialista del paisaje que sin embargo no llegó a conjugar con el materialismo histórico de los procesos sociales.

Brumaria, 2018.

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