Desde las series de televisión hasta la literatura, el apocalipsis climático nunca ha estado tan de moda. Y los profetas de la fatalidad tienen razón, dada la inercia del capitalismo a la hora de abordar los efectos que el cambio climático está provocando. Pero los pesimistas climáticos tergiversan las pruebas científicas para adaptarlas a su narrativa del «colapso» y pasan por alto la naturaleza compleja e impredecible de los procesos sociales.
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